XXVI

 por Jaime Barba

Como una mariposa negra. 
Como un cielo sin nubes. 
Como si la tierra toda 
se hubiese vestido de harapos. 
Como si un torrente de luces 
presagiara tormentas, a pesar de lo dicho: 
¡Te estaría esperando!

 

Como si las garras del tiempo 
me hubieran inundado de vidrio los ojos 
o la sangre de mi alma 
se me estuviera pudriendo como un día sin sol, 
o de verde mar o en el azul del cielo; 
allí en donde el corazón ancla 
con ruidos de tempestades... 
A pesar de todo: 
¡Te estaría esperando!

 

A flor de piel, 
a ras de los caminos que se bifurcan 
en esos abismos de sombras en donde 
la amargura hace su nido 
y el buitre de los miedos 
extiende sus alas negras, a pesar de todo: 
¡Te estaría esperando!

 

Allí, 
ignorado de la rosa y de todo, 
cabalgando por encima de las mismas 
praderas de los sueños: 
¡Te estaría esperando!

 

Como si toda mi sangre se derramara 
hasta alcanzar la gris esperanza que no llega, 
y, esa, la infinita palabra 
que se perdió en el tiempo, 
junto a la luz de mi universo, 
a pesar de todo:  ¡Te estaría esperando!